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De pesca en el
Rio Cochrane
Comenzaba la segunda semana de marzo del 2002 ya ordenando
y preparando mi maleta para retornar a Santiago luego de una larga
temporada de pesca, para comenzar mi tercer año de Ingeniería Comercial.
Era la última semana de mi primer año como guía de pesca y
esperaba a mi último cliente de la temporada. Mi cliente, un guía de caza
mayor (norteamericano) que llevaba un mes viajando por Chile con su esposa
y “SUS SUEGROS”, así que el hombre andaba con una cara que le llegaba al
piso.
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Durante cuatro días pateó la perra en contra de sus
suegros y contra todo lo que se le ponía por delante, incluido al
pobre guía, por supuesto. Lo llevamos a pescar salmones a un arroyo
cercano, que su nacimiento surgia de una hermosa cascada, después de
capturar un par que excedían los 5 kilos me dijo: “ I have this at
home and better, let’s go back to the lodge”. Así que tuvimos que
devolvernos con asado y todo de vuelta al lodge. Decía que lo único
que le cambiaría el ánimo sería pescar una gran trucha en un río.
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Después de llevarlo a varios ríos de la zona, sólo habíamos
logrado capturar truchas arcoíris de entre uno y dos kilos lo cual, por
supuesto, no era suficiente para él.
Este era sin duda el cliente más difícil en mi primera
temporada como guía. Cuatro días de infructuosa y frustradas jornadas,
recorrimos el Río Baker de pe a pa, El Maiten, El Maqui entre otros y
nada, nada lo conformaba.
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Al quinto y último día de pesca, decidimos llevarlo
al río Cochrane. Para quienes no lo conocen, es sin duda el curso de
agua más transparente de Chile, hábitat de grandes farios, para
llegar a este río el recorrido es de aproximadamente de 45 minutos
desde Pto Brtrand, ya la cara de mi cliente cambiaba, y
definitivamente era otra cuando llegamos al río, nos ubicamos en el
curso superior del río, lugar de dificilísima pesca, pero de calidad
excepcional, no siendo extraño capturar ejemplares que sobrepasen
fácilmente los 6 o 7 kilogramos, le proporcionamos las moscas que
nosotros sabíamos que funcionaban para ese lugar y época del año
podían tener éxito.
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La mañana estuvo bastante productiva ya que capturó
alrededor de 8 a 10 truchas arcoíris y unas 4 o cinco farios, todas ellas
entre 0.5 y 2 kilos, para cualquier pescador seria una jornada exitosa,
pero no para este individuo, el Cochrane no nos iba a defraudar...
Almorzamos un exquisito salmón de cautiverio al disco, de verdad quedo
espectacular, adobado en finas hierbas y sobre una fina cama de cebolla,
mi especialidad, acompañado de un buen vino blanco, dejaba contento a
cualquiera, pero no al taimado de mi cliente, lo que hacia muy difícil la
tarea principal de un guía de pesca, que el cliente pase el mejor día de
su vida independiente de sí pesca o no, en este caso no lo estaba
logrando.
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El Staff de guías con quien trabajaba, muy buenos amigos,
contábamos con algunos otros secretos muy bien guardados del Río Cochrane,
decidí llevarlo a mis spots personales sin antes dudar si seria lo
adecuado, dada la transparencia de las aguas, que mi cliente espantara
toda forma de vida en el lugar producto de su ofuscación, pero igual
decidí jugármela y utilizarlos hasta dar con lo que mi cliente buscaba,
por lo que nos corrimos a un pool que le tenía una fe ciega, esos clásicos
con un maravilloso run que lo antecede, que permite ver la formación del
pool, solo por el cambio de tonalidad del agua, y la fina grava de sus
bordes, donde este se hace mas profundo y la velocidad del agua se torna
mas lenta. Lo tenia bajo la manga como ultimo recurso, jamás me había
dejado mal.
Transcurrió la tarde, en una atmósfera algo tensa,
trataba de amenizar la jornada con una buena atención, chocolates, café,
esperando el momento...
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A eso de las 18.30 horas como buen guía le coloque la mosca
creada por nosotros, la mosca que no fallaba y que confeccionamos la
noche anterior. Le sugerí a mi difícil cliente que se parara frente
al pool y lanzara corriente arriba y cuando la mosca cruzase el pool
recogiera lo más rápido que pudiera. “Buum” Mi
querida mosca engaño a una trucha fario de proporciones, La lucha
duró alrededor de 25 minutos y cuando se mostraba lográbamos verla,
un lomo dorado que brillaba y un estómago de un color rojo intenso
producto del tenue sol que aun nos acompañaba. Una vez que ya la
tenía en el chinguillo por fin cambio su cara, me pasó su cámara
digital y me pidió que le diera hasta agotarla. De verdad era una
linda trucha, la bese, le agradecí y la libere.
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En el camino de vuelta mi cliente no paro de tomar
cerveza, riéndose y contando sus historias de cazador, mmm los
ciervos eran de un tamaño como de un búfalo, bueno era pescador al
fin y al cabo. Al día siguiente se levantó con una sonrisa como la
que no había tenido durante toda la semana. Mientras esperaba el
transfer que lo trasladaría al bi motor que lo esperaba a pocos
kilómetros para trasladarlo en pocos minutos al aeropuerto de
Coyhaique, me acerqué para despedirme. Me dio la mano y me dijo: “I
am sorry for being such an ass hole all week long”.
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Así terminó mi primera temporada de guía, con una gran
fario en el inolvidable y querido Río Cochrane.
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José Francisco
Cornejo |
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Socio Fly Fishing
Club |
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